¿Qué es la desnormalización del consumo de alcohol y cómo contribuye a que nuestras hijas e hijos no consuman alcohol?

 

¿Qué entendemos por desnormalización del consumo de alcohol?

La desnormalización del consumo de alcohol es una invitación a desafiar y cuestionar la relación que a veces pareciera normal entre el uso de bebidas alcohólicas con el placer, el gozo, el sufrimiento emocional, las celebraciones e incluso en algunas ocasiones, con deportes y actividad física. Recuerde las fiestas de cumpleaños, reuniones familiares, matrimonios, asados con amigos o compañeros del trabajo, entre otros eventos sociales, que ha celebrado con alcohol y aquellas en las que no se ha brindado alcohol. ¿Encuentra alguna situación más común que otra?. El consumo de alcohol se ha convertido en “lo normal”, es decir, una norma social, desde las reuniones familiares hasta la publicidad y las series de televisión, el mensaje es claro: beber es normal. Pero, ¿qué pasa con aquellos que eligen no beber? A menudo son vistos como la excepción, y se genera una presión social que puede ser abrumadora, por la cual las personas pueden sentin que para socializar o para participar de un encuentro social se espera o se requiere que consuman alcohol.

Desnormalizar el consumo de alcohol se refiere al proceso de cambiar esta percepción social que considera el consumo de alcohol como algo habitual y aceptable, especialmente entre los menores de 18 años. Este proceso implica ser conscientes de los riesgos asociados con el consumo de alcohol, cómo influye negativamente en niñas, niños y adolescentes.

¿Por qué desnormalizar el consumo de alcohol contribuye a que nuestras hijas e hijos no consuman alcohol?

Al desvincular el alcohol de situaciones cotidianas y festivas, se reduce la percepción de que su consumo es normal o esperado. Esto se traduce en un cambio de actitud hacia el alcohol, disminuyendo la presión social y la aceptación de su consumo, en especial entre menores de 18 años. Además, al desnormalizar el consumo de alcohol, se promueve un ambiente familiar y social donde no se fomente el consumo de esta sustancia, lo que a su vez puede influir en decisiones más saludables y retrasar la edad de inicio de consumo.

Adicionalmente, establecer una postura crítica sobre la norma social del alcohol, reforzada por la publicidad y el mercadeo, le permite a madres, padres y cuidadores, tener nuevos insumos para guiar a sus hijas e hijos hacia elecciones más saludables y conscientes, promoviendo así un entorno protector libre de alcohol. La desnormalización va a permitir que niñas, niños y adolescentes no sientan que se espera que consuman alcohol: podrán divertirse, compartir con amigos, pasar momentos placenteros, y enfrentar dificultades, sin asociar ninguna de estas dinámicas con el consumo de alcohol, este dejaría de verse como un requisito social.

¿Cuáles son los beneficios de desnormalizar el consumo de alcohol?

Cambiar los discursos asociados al consumo de alcohol en la comunidad puede tener un impacto positivo en la salud y seguridad pública ya que genera nuevas narrativas que pueden influir sobre la decisión de consumir y en los patrones de consumo de alcohol de la población. Esto puede impactar en el aumento de la edad de inicio de consumo de niñas, niños y adolescentes. Las nuevas narrativas que visibilizan el alcohol como un producto nocivo pueden promover un estilo de vida más saludable y responsable. Deconstruir la norma del alcohol implica conocer los daños que causa la sustancia en las comunidades a lo largo del curso de vida de sus poblaciones, en su economía y en su medio ambiente, con especial énfasis en niñas, niños y adolescentes.

Beneficios para las niñas, niños y adolescentes

En las primeras etapas de vida como la niñez y adolescencia ocurren cambios no solo físicos, sino también sociales y emocionales. Desafiar la normalización del consumo de alcohol entre menores de 18 años, abre puertas hacia un bienestar integral, por ejemplo[1]:

Desde lo socioemocional, se contribuye a mejorar los vínculos sociales de niñas, niños y adolescentes, se reducen los riesgos de sufrir trastornos de ansiedad o depresión, a la vez que se favorece el rendimiento académico y la disminución de intentos de suicidio y muerte por suicidio

En la salud física, se evitan los cambios en el ciclo del sueño, se previene la disminución de la hormona del crecimiento, se reduce el riesgo de infartos, arritmias cardíacas y hemorragias cerebrales en situaciones de embriaguez

Se minimizan los comportamientos sexuales de riesgo (contraer infecciones de transmisión sexual, tener un embarazo no deseado, etc.) Así mismo se disminuye la posibilidad de entrar en situaciones de riesgo como ser víctima de delitos o agresiones sexuales

Por lo anterior, es fundamental que familia, estado y sociedad brinden herramientas y entornos propicios para el desarrollo de habilidades para tomar decisiones más informadas y asertivas al momento de afrontar situaciones de riesgo, disminuyendo así la probabilidad de sufrir trastornos asociados al consumo de esta sustancia. En conclusión, establecer nuevos discursos en torno al alcohol permite hacer el tránsito hacia comunidades protectoras de la salud y de los derechos de niñas, niños y adolescentes.

Beneficios para las familias

La desnormalización del uso de bebidas alcohólicas en la familia favorece no solo a la salud mental de niñas, niños y adolescentes, sino también su salud física e integridad. También, fomenta el derecho a ser protegidos contra el abandono, el acceso a la educación, a una alimentación y una vivienda adecuada, entre otros.

Desde la etapa prenatal, el consumo de alcohol en personas gestantes puede provocar la muerte fetal, abortos espontáneos, trastornos del espectro alcohólico fetal (TEAF), deficiencia del crecimiento intrauterino, nacimiento prematuro, bajo peso al nacer, entre otras afecciones[1]

En la infancia y la adolescencia, la evidencia indica que el consumo de alcohol por parte de los cuidadores primarios puede relacionarse con la negligencia física y emocional, el abuso psicológico, físico y sexual, al igual que el abandono[1]

En los hogares donde además hay problemas económicos, se ha encontrado que el alcohol tiende a desplazar algunos gastos domésticos como la educación, alimentación y salud, razón por la que se habla de que el uso de bebidas alcohólicas puede llevar a los niños, niñas y adolescentes y sus familias a la pobreza, la deserción escolar, etc.1

En el caso de Bogotá[4], son los estratos uno y dos quiénes presentan mayor consumo de alto riesgo. Esto en parte se debe a que las poblaciones tienden a ser más vulnerables cuando se enfrentan a problemáticas complejas, como, por ejemplo, la situación de pobreza, mayores barreras de acceso a servicios de salud para una promoción, prevención integral y tratamiento de calidad, mayor estigma, menor acceso a la educación, riesgos como el reclutamiento forzado en bandas criminales o en grupos armados organizados, una alimentación precaria, etc.

Beneficios para la comunidad

Desnormalizar el uso de bebidas alcohólicas en la comunidad genera un beneficio transversal a la sociedad, las familias y a las personas como individuos. A nivel social, el consumo de bebidas alcohólicas aumenta las desigualdades sociales y económicas, generan consecuencias negativas en la educación, como, por ejemplo, la deserción escolar, el bajo compromiso con el colegio, influyen en la violencia de género, que también afecta a niñas y adolescentes, e impactan negativamente el medio ambiente y obstaculizan la productividad socioeconómica[5], afectando también de manera directa e indirecta el desarrollo saludable de la niñez.

Por lo tanto, la desnormalización del consumo alcohol requiere de la participación de todos los actores posibles, esto quiere decir, el Estado, y otros actores clave en distintos sectores como: la academia, tomadores de decisión, organizaciones de la sociedad civil, líderes comunitarias, etc., para exigir medidas de protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes.

¿Qué podemos hacer para desnormalizar el consumo de alcohol en nuestra familia?

La familia es el primer círculo de influencia en la vida de niñas, niños y adolescentes, por ello, el papel de madres, padres y cuidadores es clave en la prevención de los riesgos, daños y trastornos asociados al consumo de alcohol. El contexto familiar puede representar un factor protector o por el contrario un factor de riesgo para el uso de bebidas alcohólicas[6] por parte de niñas, niños y adolescentes.

A continuación 15 herramientas para aportar a la deconstrucción de la norma del alcohol direccionada a la protección de la infancia y la adolescencia[7]:

Apoyar iniciativas que busquen:

– El desarrollo de políticas de impuestos a las bebidas alcohólicas, es decir, medidas de aumento en los precios. La evidencia indica que, aumentar los precios es una de las estrategias más eficaces para contrarrestar el fácil acceso al alcohol por parte de niñas, niños y adolescentes.

– Incidir en el retraso de la edad de inicio, y regular y restringir el consumo y la venta de alcohol con el fin de controlar la disponibilidad de esta sustancia psicoactiva para niñas, niños y adolescentes. La disponibilidad es uno de los factores de riesgo de consumo.

– Restringir la publicidad y el mercadeo del alcohol, es decir, los mensajes sobre alcohol a los que están expuestas niñas, niños y adolescentes en diferentes formatos de medios de comunicación. Se ha demostrado que esta acción es muy eficiente (costo-efectiva) para reducir la exposición de niñas, niños y adolescentes a este contenido, y evitar la influencia de la industria en las normas sociales, como por ejemplo, cuando con frecuencia recibimos el mensaje de que tomar cierto tipo de sustancia es el complemento ideal para una ocasión social.

Propiciar momentos familiares y festividades libres de alcohol.

Con esta acción se busca transmitir a niñas, niños y adolescentes que no es necesario consumir bebidas alcohólicas para pasarla bien.

Mostrar una firme actitud negativa frente al consumo de alcohol.

La evidencia científica ha encontrado que, si alguna de las figuras adultas cercanas está de acuerdo con el consumo de esta sustancia, existe una alta probabilidad de que las personas menores de 18 años a su alrededor también lo estén y, por consiguiente, accedan a consumir bebidas alcohólicas.[8]

Establecer reglas y límites claros frente al consumo de alcohol.

Aquellos adolescentes que perciben a sus padres más permisivos con el consumo de sustancias, como el alcohol, tienen mayor probabilidad de consumir.

Promover actitudes favorables

hacia la salud y el bienestar.

Trabaje en llave con las instituciones educativas

y los servicios de atención a la primera infancia para lograr el cumplimiento de la normatividad y tomar medidas para proteger a niñas, niños y adolescentes de los daños asociados al alcohol en estos ambientes de aprendizaje.

Promover eventos sociales

libres de uso de alcohol y de su publicidad.

Tomar conciencia sobre sus propias creencias y expectativas en torno al alcohol

y cuestione la idea de que a los adolescentes les gusta beber o que “igual lo harán”. Recuerde que 3 de cada 5 estudiantes entre los 12 y los 17 años no consumen alcohol.

Tener en cuenta las series, programas o contenido de las redes sociales

que niñas, niños o adolescentes consumen, incluso la música que escucha: hable sobre lo que ella o él ve y oye respecto a las bebidas alcohólicas u otras sustancias.

Conversar críticamente con niñas, niños y adolescentes

sobre los mensajes y creencias promovidos por la industria del alcohol.

Evitar usar productos alusivos a las bebidas alcohólicas desde edades tempranas

como, por ejemplo, bebidas endulzadas en empaques de champagne o gaseosas saborizadas para brindar.

Evitar consumir alcohol en espacios o eventos

en los que haya personas menores de 18 años.

Informarse y comprender las complicaciones de salud asociadas al consumo de alcohol

y hacérselo saber a niñas, niños y adolescentes. Es fundamental dar información verídica tomada de fuentes científicas libres de conflicto de interés y no inventar o exagerar situaciones.

Abstenerse de ofrecer bebidas alcohólicas

u otras sustancias a niñas, niños o adolescentes, ni siquiera en pequeñas cantidades.

“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera.”
Albert Einstein (1879-1955)

[1] Organización Panamericana de la Salud [OPS]. El alcohol en la adolescencia [Infografía] [Internet]. (2022)

[2] Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades [CDC]. Consumo de alcohol durante el embarazo. [internet]. 2022.

[3] Movendi International. A week for children of parents with alcohol problems. [internet]. 2020

[4] Alcaldía Mayor de Bogotá, Secretaría Distrital de Salud de Bogotá & Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) para la Región Andina y el Cono Sur. Estudio de consumo de sustancias psicoactivas en Bogotá D.C., 2022.

[5] Organización Panamericana de la Salud. El alcohol y los Objetivos de Desarrollo Sostenible [infografía]. [internet]; 2022.

[6] Ministerio de Salud. abecé, prevención, atención, consumo, sustancias, psicoactivas. 2016

[7] El paquete técnico SAFER. Un mundo libre de los daños relacionados con el alcohol. Washington, D.C.: Organización Panamericana de la Salud; 2020

[8] González-Vázquez, A., López-García, S. y Tizoc-Marquez, A. Modelo explicativo sobre la conducta de consumo de alcohol en jóvenes del área rural y urbana. Ra Ximhai [Internet]; 2020. 16. 235-250.